sábado, 5 de octubre de 2013

Algunas de mis historias favoritas (I)

Una vez vi un documental que exponía la tesis de que todas las historias que se crean hoy en día son, desde cierto punto de vista, un plagio. A pesar de que la falsedad de esta afirmación resplandece por su evidencia, no pude evitar pensar que, expresándolo de otro modo, el realizador del documental hubiera utilizado las palabras adecuadas y hubiera dado en el clavo al defender que todos los autores tienen sus influencias.

Yo creo que existen dos repositorios históricos que sirven a los autores para inspirarse al crear una historia. El primero y más importante es el que constituyen las propias experiencias vividas. El segundo es, sin duda, todo el conjunto de escenas que nos imaginamos en su momento leyendo una novela o viendo una película, serie o anime, y nos produjeron una emoción poderosa. Ésas son nuestras influencias.

Por eso os presento una pequeña serie en la que compartiré con vosotros cuáles han sido las principales referencias que activaron mi imaginación para que, a día de hoy, sienta esa necesidad de crear historias y contribuir con mi pequeño granito de arena al imaginario colectivo.

La lista que os expongo no contiene la totalidad de mis historias preferidas y, del mismo modo, tampoco han sido enumeradas atendiendo al grado de predilección. Tampoco estarán clasificadas de ninguna forma. Tan sólo se trata de las que para mí son algunas de las más grandes historias que se han creado nunca.

Star Wars: Episode V - The Empire Strikes Back
Año: 1980



Es para mí sin duda la mejor entrega de la archiconocida saga Star Wars. También constituye la película más oscura y adulta de las seis que hasta ahora se han producido. Una emocionante oda a la épica en la que podemos ver cómo el joven aprendiz Luke Skywalker debe buscar solo su camino tras la muerte de su maestro, Obi-wan, y enfrentarse a sus temores más oscuros para convertirse en un Jedi. Sin embargo, pronto deberá abandonar su entrenamiento y poner su vida en peligro para rescatar a sus amigos de la sombra de El Imperio Galáctico, convirtiéndose en un héroe y descubriendo un terrible secreto que le hará replantearse su papel en la lucha por la libertad de la galaxia.

Monstruos Invisibles
Año:1999



Los pájaros me comieron la cara. En esta novela, Chuck Palahniuk hace una vez más apología de la transgresión presentando la historia de una modelo transexual, su amante y una chica cuya cara quedó desfigurada tras un accidente de tráfico, que viajan de un lado a otro de Estados Unidos robando pastillas en casas de ricos y revendiéndolas en el mercado negro. Sin emabargo, en el transcurso de su viaje, se revela que el pasado de estos personajes está conectado dramáticamente. Lo suficiente como para que el resentimiento y el odio nazca entre ellos hasta un punto que tiene consecuencias desastrosas. Es una novela provocadora y con una carga muy alta de crítica social. Quizás no tan reconocida como debería. Una novela fresca, impactante y de una originalidad indiscutible.

Dragon Ball
Año: 1984


Probablemente el anime más exitoso de todos los tiempos, Dragon Ball es una historia única e irrepetible tanto por su longitud como por el número y la evolución de sus personajes. En ella se nos explica la vida de Son Gokuh, un extraterreste enviado a la Tierra para el exterminio de la raza humana, que tras un golpe en la cabeza pierde los recuerdos de su misión y es criado en el bosque por un viejo hermitaño experto en artes marciales. Tras conocer a Bulma, Son Gokuh parte de su hogar y viaja por todo el mundo en busca de las Bolas de Dragón, las cuales una vez reunidas pueden conceder a su dueño cualquier deseo. En este largo viaje, vemos a Son Gokuh hacer amigos, enemigos, casarse, tener hijos ¡y hasta nietos!, perder a seres queridos, morir, resuscitar, conocer su pasado y enfrentarse a terribles peligros. En cada una de las sagas, siempre se destila ese sabor a clásico de la lucha del bien contra el mal, en la que el héroe se sacrifica para salvar a las personas que quiere. Enemigos que se convierten en grandes amigos, descubrimientos sorprendentes y exhaltación de las emociones de los personajes hacen de Dragon Ball la serie apasionante y adicitiva que fue capaz de reunir en el sofá a varias generaciones para vivir increibles aventuras a través del televisor.

Crónica del pájaro que da cuerda al mundo
Año: 1994


No es la novela más conocida de Haruki Murakami, pero sí la más extensa y compleja. Y su trabajo más inquietante y perturbador. La historia narra la vida de Tooru Okada tras la extraña desaparición de su mujer. A medida que intenta aclarar los motivos por los cuales su mujer le ha abandonado, extraños personajes empiezan a aparecer en la vida de Tooru. En este periodo de introversión, Tooru empieza a penetrar en un mundo paralelo, ese otro lado tan reiterativo en la bibliografía del autor japonés. Un lugar oscuro y tenebroso en el que Tooru se enfrentará a los miedos que ha arrastrado durante toda su vida.

LOST
Año: 2004


Otro fenómeno televisivo sin precedentes, LOST nos mantuvo enganchados a la pantalla pendientes de los misterios de La Isla en la que estrelló el vuelo 815 de Oceanic. El grupo de supervivientes, liderado por Jack Shepard, un médico que regresaba a su ciudad natal para poder enterrar a su padre, deberá enfrentarse a numerosos peligros y enigmas en un lugar en el que nada es lo que parece. A medida que avanzan los capítulos, conocemos más del pasado de Jack, Kate, John, Sawyer, Jin, Hurley, entre otros supervivientes, a través de una serie de flashbacks que nos muestran que todos ellos huyen de un pasado doloroso y tienen secretos que esconder.

Por hoy lo dejo aquí. Seguiré más adelante con nuevas historias que considere que están en el TOP de todos los tiempos. Espero que os hayan gustado y, si no tenéis nada que hacer un domingo por la tarde, os animéis a descubrir aquellas que aún no hayáis visto/leído.

Nunca dejéis de soñar.







sábado, 7 de septiembre de 2013

Sensaciones tras la publicación de mi primera novela

Ahora que ya han pasado unas semanas tras el frenesí del lanzamiento de mi primera novela en Amazon, tras haberla visto casi 10 días seguidos en el TOP 100 de descargas y habérsela hecho llegar a más de 500 personas, y habiendo transcurrido ya este efímero espejismo de éxito después del que Polvo de estrellas se ha hundido para siempre en el pozo de las palabras olvidadas, donde tantas historias yacen cada día, creo sentirme con la suficiente madurez como para hablar de todas las sensaciones vividas a lo largo de este proceso que ha durado varios años, en el que he sido capaz de arrancar un parte de mi corazón y dejarla plasmada en un papel en blanco.

Siempre recordaré Polvo de estrellas como una historia triste. Un reflejo de las penurias vividas los años en los cuales esta historia fue tomando forma. Unos años en los que se me rompió el corazón unas cuantas veces, viví de cerca la muerte de un ser querido, me sentí decepcionado por las personas a las que había considerado mis amigos, tuve que lidiar yo solo con tremendas cargas que no me pertocaban, sentí cómo mis aspiraciones profesionales se evaporaban y perdía para siempre la senda de lo que verdaderamente siempre hubiera querido hacer, e incluso las ideas del suicidio no dejaban de pasearse reiteradamente por mi cabeza. Un tiempo en el que he estado solo y no he dejado de conocer a personas equivocadas. De dar pasos en falso y de estar, francamente, perdido.

Con este trasfondo no era difícil que los personajes de Eric y Amanda, dos personas jóvenes y atormentadas por una vida demasiado vacía, nacieran dentro de mi corazón y se manifestaran como eso que yo fui, lo que estaba viviendo y aquello que quería algún día llegar a ser. Por otro lado, Saúl y Claudia viven en mí, porque son esa parte mía más oscura, visceral y violenta que todo el que me conoce bien entiende. Y, la chica-de-los-ojos-verdes, siempre vivió como un ideal inalcanzable dentro de mí, desde hace muchos años.

En este sentido, escribir Polvo de estrellas no ha sido difícil. Creé la trama y la historia a lo largo de unos tres años, aproximadamente, en los cuales iban apareciendo esas ideas locas en mi cabeza tras volver a casa después de una noche de borrachera sintiéndome una mierda, saber qué es la muerte y el dolor que deja tras su paso y tener, al fin y al cabo, un corazón destrozado. En cierto modo, esta novela ha sido un purgatorio personal. Un lugar donde he podido expulsar toda la basura que llevaba dentro y, encima, la he podido transformar en arte.

Creo que, escriba lo que escriba a partir de ahora, seguramente alcanzará un nivel técnico superior al de Polvo de estrellas, fruto del aprendizaje constante al que siempre está abocado un escritor. Pero me parece bastante imposible que haya algún día otra novela mía tan personal, tan idiosincrática y tan auténtica.

Esta novela es una joya en muchos sentidos.

El proceso de publicar el trabajo ha sido laborioso. Una vez tuve el guión, al que dediqué tres años, escribir el primer borrador me llevó un mes - las vacaciones de 2012 -. Ese borrador inicial fue reescrito una y otra vez hasta tomar la forma final de lo que es la novela en su última versión. Han habido mejoras importantes ya que, a medida que la he ido escribiendo, también he ido aprendiendo. Y mucho. También hubo censura, porque el primer borrador era algo escatológico, sobre todo en los excesos de las escenas de sexo y el uso del lenguaje coloquial. Así que vi necesario cortarme un poco para dotar a la novela de un carácter algo más comercial que quizás pudiera ayudar a que una editorial se fijara en mi trabajo y apostara por mí.

Lamentablemente, el editorial es un mundo muy restrictivo y cerrado a los autores noveles. Estuve un tiempo debatiéndome entre presentarme a un nuevo concurso o autopublicar la novela. Era algo que debía pensarse bien, pues el hecho de autopublicar implicaba que la novela ya no podría participar en ningún otro certamen literario.

Tras haber publicado Polvo de estrellas, las sensaciones son algo confusas. Por un lado me alegro de haber tenido mi novela en papel entre las manos. El proceso de publicación, incluyendo la maquetación del libro y el diseño de la portada, lo he vivido con mucha ilusión y ha sido como cumplir un sueño. Al mismo tiempo, el haber recibido tan buenas críticas por parte de los lectores, me ha animado mucho a seguir escribiendo y dedicándome muy en serio a esto de la creación de historias.

La parte negativa ha sido poder comprobar, una vez más, lo difícil que es dar a conocer tu obra. Encontrar lectores es una ardua tarea de promoción, para la cual un escritor independiente no tiene medios. Independientemente de la calidad de una novela, para la mayoría de escritores independientes, la historia sólo llegará a su entorno social y quizás un poco más lejos. Pero, salvo algunas excepción, no mucho más lejos. Eso entristece, pues lo que más quiere un escritor es difundir sus palabras y saber que llegan a la gente. Creo que esa es la ambición última de cualquier persona que se dedique a esto.

La etapa de promoción me ha desgastado mucho psicológicamente. Puedo decir que me he cansado y, si bien he diseñado un pequeño Plan para difundir la obra a través de Wattpad, ya no tengo ganas de seguir registrándome en foros a presentar la novela o mensajear a bloggers para tratar de conseguir una triste reseña. El escritor de verdad es un lobo solitario, y todo lo relacionado con las apariencias no suele ser mucho de su agrado.

En otras palabras: me importa un comino.

Ahora me apetece centrarme en mi próximo proyecto literario. Pues lo realmente grande de esta afición para muchos - y profesión para una minoría - es el hecho de poder desahogar todas esas inquietudes que se llevan dentro, de dar rienda suelta a tu imaginación, de crear unos personajes a los que llegas a querer como si fueran tus hijos, de diseñar unos diálogos que, verdaderamente, estás teniendo contigo mismo.

Eso es lo que significa escribir.

Y lo demás importa poco.

jueves, 29 de agosto de 2013

Viviendo peligrosamente: el experimento de los 400 cigarros

No es una noticia nueva que el tabaco es la primera causa de muerte prematura en el mundo. Su consumo está asociado a terribles enfermedades, como pueden ser: cáncer, enfermedades cardiovasculares, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), enfisema, infecciones respiratorias, impotencia, y un largo etcétera de problemas de salud que, francamente, quiero pensar que a nadie le gustaría padecer.

Sin embargo, parece ser que la mayoría de fumadores en el mundo no son plenamente conscientes del peligro que corren al fumar cada cigarrillo. Según un sondeo de la OMS, en 2010 existían más de 1250 millones de fumadores en el mundo. Esto supone, aproximadamente, un tercio de la población mundial adulta. Existen cientos de millones de personas en el mundo que, a pesar del bombardeo de artículos e imágenes - algunas de ellas incluso demasiado grotescas, como son las que se incluyen actualmente en las cajetillas de tabaco - que procuran persuadir a los fumadores para abandonar el hábito, siguen envenenándose lentamente.

Y, francamente, me parece una pena.

Hace un tiempo vi un vídeo en Youtube muy curioso. Se trataba de una persona que diseñó un experimento para extraer el alquitrán que una persona inhala al fumar 400 cigarrillos. Creo que ningún fumador es plenamente consciente de que, después de fumar 20 cajetillas - es decir, menos de un mes en fumadores empedernidos -, uno puede haber acumulado tanta porquería en sus pulmones.

Si bien el tabaquismo se convirtió años atrás en un icono asociado a la sensualidad y a la estética - muestra de ello fueron todos aquellos planos de Hollywood grabando a estrellas de cine dando caladas a un cigarro en multitud de producciones -, hoy por suerte la legislación y las campañas de información están ayudando a millones de personas a abandanos un hábito que no sólo resulta antihigiénico y desagradable - halitosis -, sino que cada día pone en riesgo la vida de mucha gente.

Me temo que uno de los motivos por los que los fumadores se resiten a dejar el hábito es el conocido dicho: "de perdíos al río". Es decir, si ya has fumado 20 años y no te ha pasado nada, ¿qué más da? Pues esta actitud es equivocada. En primer lugar, porque el cuerpo humano tienen mecanismos que lo depuran constantemente y una persona que deja de fumar bajará exponencialmente los riesgos de padecer terribles enfermedades tan sólo meses después de haber abandonado el tabaco. Y, en segundo lugar, porque cuantos más años fumes más probabilidades vas a tener de morir de esto.

Fumadores del mundo, os quiero transmitir un mensaje ya algo trillado, repetido hasta la saciedad pero, igualmente, necesario: "El tabaco mata".

Invierte tu perspectiva.






domingo, 25 de agosto de 2013

Centrarse en principios

 Groucho Marx dijo en una ocasión: "Éstos son mis principios. Si no le gustan, tengo otros".



Hace tiempo leí un best seller de Stephen R. Covey, del que muchos habréis oído hablar, ya que es uno de los títulos más vendidos de todos los tiempos en el ámbito de la autoayuda, superación personal, empresa y talento. Se llama "Los 7 hábitos de la gente altamente efectiva". Es algo así como un manual para tomar el control de nuestra persona, el dominio de uno mismo. Y conseguir de esta forma el tan codiciado éxito en la vida.

"El verdadero éxito es el éxito que se obtiene con uno mismo. No consiste en tener cosas, sino en el autodominio, en la victoria sobre sí", reza el libro.

El libro, en uno de sus capítulos, analiza los centros en los que podemos focalizarnos las personas como eje central de nuestra vida: cónyuge, familia, dinero, trabajo, posesiones, placer, amigos, enemigos, religión y uno mismo.

El autor rechaza todos estos centros, ya que todos ellos nos hacen caer en paradigmas que, muy probablemente, acabarán desembocando en infelicidad. El único centro que nos puede permitir llevar una vida plena, dice, es vivir una vida centrada en principios.

"Los principios no reaccionan ante nada. No enloquecen ni empiezan a tratarnos de otro modo. No se divorcian de nosotros ni se van con nuestros mejores amigos. No están ansiosos por conquistarnos. No pueden pavimentar nuestro camino con parches y remedios rápidos. Su validez no depende de la conducta de otros, ni del ambiente ni de la moda del día. Los principios no mueren. No están un día aquí para irse al día siguiente. Están a salvo de incendios, terremotos o robos" (S.R. Covey)

He observado a lo largo de mi vida que una gran parte de los quebraderos de cabeza que preocupan a las personas, como el miedo a quedarse solo, a no encontrar pareja o, incluso, el miedo a la incertidumbre económica, tienen como denominador común el no ser unas inquietudes centradas en principios.

No podemos controlar qué personas se cruzan en nuestro camino; no podemos saber quién nos amará, si alguien nos amará, o si conservaremos a la persona amada a nuestro lado. Sólo somos unos viajeros desorientados. Buscando un resplandor. Haciendo un camino a medida que avanzamos en medio de la oscuridad.

Pero lo que es seguro es que siempre nos tendremos a nosotros mismos. Y por eso es importante que nos centremos en principios. En la sociedad decadente en la que vivimos, que adolece de una clara pérdida de valores que puede percibirse día tras día, creo que es importante, más que nunca, que nos centremos en principios.

Es posible que centrarnos en principios no nos dé la completa felicidad que todos anhelamos. Pero sí que nos servirán como una guía y una referencia para que nuestras fuerzas no flaqueen, para que no perdamos el rumbo con los reveses, amorosos o no, que irán apareciendo contínuamente en el camino.

Todo se puede perder aunque, si nos mantenemos fieles a nosotros mismos, tendremos algo que ya nunca nadie podrá arrebatarnos. Imaginaos que saco un billete de mi cartera, un billete de 50 euros. Y entonces lo arrugo, le escupo, lo tiro al suelo y lo pisoteo varias veces.

¿Seguiríais queriendo ese billete?

Ese billete somos nosotros. Si nos mantenemos fieles a nuestros principios, por más que nos humillen, nos maltraten, nos pisoteen... Seguiremos teniendo, exactamente, el mismo valor.

Invierte tu perspectiva.

jueves, 5 de enero de 2012

Cómo escribir una novela y no morir en el inteno

Escribo este post rápido desde mi iPad, justo antes de ir a dormir, para dar explicaciones de mi largo silencio.

En primer lugar, quiero decir que este es un blog que nunca voy a abandonar. Puedo estar meses sin publicar un post, pero al final siempre acabo actualizándolo, debido a que este es un espacio que siento como mío. Un sitio donde expresar mis pensamientos cuando me apetece.

El motivo de mi escasa dedicación es variado y complejo. Una mezcla de graves problemas personales, dedicación al trabajo y a los estudios, esas cosas. Pero yo escribir, escribo. Por eso no os preocupéis. Mis dedos están ágiles. Y mi cabeza más despejada y solvente que nunca.

Estos últimos meses estoy dedicando el tiempo de blog al desarrollo de mi primera novela, cuya idea germinal se me ocurrió hace unos 5 años. Pero la vida pasa deprisa, y no he tenido el tiempo necesario para escribirla.

La novela era algo que tenía pendiente. Contaba con más de 50 páginas en borrador, muchas ideas en el cajón y una buena dosis de motivación y autoconfianza. Pero nunca encontraba el tiempo. Desde hace unos meses, he decidido dedicar al menos un poco de tiempo a la novela todas las semanas. Y los resultados empiezan a verse.

A decir verdad, ya tengo el guión casi acabado. Sí, señores (y señoras). Mi mente analítica de ingeniero me obliga a tener todos los sucesos que describa atados y empaquetados antes de dejar fluir la tinta. Y es algo que no es fácil. Muchas novelas de escritores consagrados pecan de tener una trama tan poco consistente como la mantequilla.

Y esto es algo que no me va a pasar a mí de ninguna de las maneras.

No quisiera ser prepotente, pero esta primera novela la voy a publicar. No es una primera novela típica, repleta de los típicos fallos del escritor novel. Está supervisada por el crítico más exigente de todos: yo mismo.

Una vez terminada, será un claro ejemplo del perfeccionismo más obsesivo que soy capaz de conseguir cuando hago algo con pasión. Sólo su esqueleto y sus primeros acabados constituyen unos resultados más que prometedores. Supongo que si algo refleja una novela es la perdonalidad de su autor. Y ésta va a tener mucho de mi carácter. Mucha originalidad y valentía. Y mucho de lo que reflexionar.

Estaréis, evidentemente, invitados a leerla.

Y yo agradecido si lo hacéis.

viernes, 14 de octubre de 2011

La Dolce Vita

Nota: Este relato lo tenía escrito en borrador desde hace algún tiempo, en unas hojas de papel. Mi inspiración fue el haber vivido en mi propia casa el cáncer. Mi intención con él es hacer una crítica social a varios asuntos que se pueden leer entre líneas, a la vez que romper una lanza a favor de los enfermos de cáncer, y darles todo mi apoyo para su recuperación. El relato es duro y claro, pero es real. Los enfermos de cancer se enfrentan a un peligro de muerte real, y muchas veces nosotros, sus familiares, sus amigos, no nos damos cuenta y no nos solidarizamos lo suficiente con su sufrimiento y su dolor. 

Soy consciente de que la sensibilidad de muchas de las personas que lean esto puede verse herida. No obstante, con este relato no quiero decir que una persona enferma de cáncer no tenga esperanza de sobrevivir. Por supuesto que la tiene, en especial si su diagnóstico es temprano. Pero mi intención es más la de concienciar a las personas sobre la gravedad de esta terrible enfermedad. Ya que, muchas veces, no comprendemos a los enfermos de cáncer porque adoptamos una postura de "no aceptación" que le "quita hierro al asunto". Y esto hace que muchas veces los enfermos de cáncer se sientan incomprendidos.

Por último, quisiera dedicar este relato a la memoria de mi padre. Lamentablemente, algunas cosas de las que explico sucedieron de verdad.


Amanda es una niña preciosa de 8 años. Cada día va al colegio con un vestidito y una mochila de Ratatouille. Es la niña más guapa de su clase. Tiene el cabello rubio y los ojos de color miel. Su cara es la seña de la inocencia más pura. 

Pero Amanda está muy triste.

El papá Amanda ya no habla mucho. No tendría mucho que decir, salvo remarcar lo muy puta que es la vida.

No piensa en nada. Ya ni siquiera piensa en que querría llegar a casa para abrazar a su hija. Porque no llegará nunca a casa. No saldrá nunca de ese hospital. Por lo menos no saldrá de él vivo. Porque sabe que va a morir. Y esa certeza tan desesperante es todo lo que ahora tiene sentido en su vida.

Su cabeza sólo puede pensar en que quiere vivir. No quiere morir. Y tiene mucho miedo. Está harto. Ya no aguanta más toda esa mierda. Lo que hay estirado en la cama no es él. Es un pellejo. Un tipo desconocido, consumido por el cáncer. No es él. Él es joven. No, definitivamente no es él.

Hace mucho tiempo que Amanda no ve a su papá. Él sólo piensa en curarse. Y en que está muy asustado. El papá de Amanda jamás imaginó que alguien podía llegar a estar tan asustado.

En la planta 13 del Hospital Universitario Germans Trias i Pujol las enfermeras hablan animadamente detrás del mostrador de la recepción. Se cuentan cotilleos ajenas al dolor insoportable que está a tan sólo unos pasos de distancia, dentro de las habitaciones, donde yacen los enfermos. Allí la muerte y el sufrimiento extremo son algo tan cotidiano que ya nadie parece prestarle mucha importancia. Salvo los enfermos y sus familias. Detrás de cada una de esas puertas hay un drama, una familia rota y alguien que va a morir.

El papá de Amanda tiene un nuevo compañero de habitación. Es un chico muy simpático. Tiene 33 años, y también tiene cáncer. A él le tuvieron que cortar la lengua y extirpar unos ganglios en el cuello. Cuando habla apenas se le entiende. Suele hacer bromas a las enfermeras, y no deja de hablar animadamente de sus hobbies. Pero lo cierto es que nadie puede entender ni la mitad de lo que balbucea. Todo el mundo le sonríe con condescendencia. A algunos se les ve la sombra de la incomodidad en sus rostros. Y de la compasión.
En esas habitaciones cada día se producen escenas que muestran una idea de hasta dónde puede llegar la miseria de la condición del ser humano.

Al papá de Amanda le gusta más este nuevo compañero. Su optimismo le anima. Admira que alguien pueda llegar a ser tan optimista en una situación asi. Incluso le transmite algo de esperanza. Anteriormente, había compartido la habitación con otro enfermo que llevaba años con cáncer, y se había vuelto loco. Estaba harto que las enfermeras lo tuvieran que limpiar cuando se cagaba encima, harto de la mierda de comida que servían en el hospital, harto de la quimioterapia que le quemaba las venas. Harto de no estar en su casa viendo tranquilamente la tele con su perro. Eso le decía a su hijo mayor cuando iba a visitarlo: que únicamente quería salir de allí y estar con su perro.

Si algo tiene en común la gente de allí es que todos están hasta las pelotas. Los familiares están hasta las pelotas de las horas muertas, las esperas, el sufrimiento de un ser querido, las prisas, las recetas médicas sin sellar. Hasta las pelotas de ir de culo, de esa puta pesadilla. Los oncólogos están hasta las pelotas de su trabajo. De que no hayan camas vacías, de las urgencias, de los sarcomas, de los casos raros, de las complicaciones de la quimio, de las familias desesperadas, de los pacientes que se mueren. 

Y los enfermos están hasta las pelotas de estar experimentando el infierno en vida.

Entonces se enciende el televisor. Hay un spot publicitario en blanco y negro. Anuncia una bebida alcohólica. Parece ser que son personas disfrutando en una fiesta muy elitista. Glamour, Lamborghinis, trajes de seda italiana y pulseras de oro blanco. Mujeres con las tetas a punto de reventar el vestido. Se palpa en el ambiente que sólo quedan unos minutos para que comience el desenfreno sexual. 

Sí, es un mensaje esperanzador. Tomaremos una copa de Martini, y entonces todo irá bien. Seremos como ellos.

La Dolce Vita.

Salvo para el enfermo que yace en la cama, consumido por el cáncer. Él sólo piensa en curarse. Y está asustado.

Cuando Amanda vuelve del cole, la casa está vacía. Enciende el televisor y ve un anuncio en blanco y negro. No entiende muy bien lo que significa, pero le gusta. Hay algo irreal y sofisticado en él que atrae su atención. Quiere ser como las personas que salen en ese anuncio.

Definitivamente, ella quiere ser así cuando sea mayor.


martes, 11 de octubre de 2011

To be in the ditch (Estar en la fosa)

Saludos, apreciados lectores.

Martes, 11 de octubre de 2011. Un día, cuanto menos, significativo. Y es que desde el 24 de mayo de 2011 no actualizaba contenido. Casí cinco meses sin publicar en el blog y, a pesar de ello, en numerosas ocasiones que he mirado las estadísticas de visitas, he visto que, a lo largo de estos meses sin actividad, "El Espejo: Invierte tu perspectiva" ha continuado teniendo visitas. Os doy mi más sincero agradecimiento por ello. Y como muestra de agradecimiento verdadero, hoy voy a hacer un post que os va a permitir conocerme un poco mejor.
En concreto, voy a hablar de una situación algo particular. Una dificultad que estoy seguro que todos hemos experimentado alguna vez. Comúnmente, se le llama "estar en la fosa". Expresión idiomática proveniente del latín... no... (LoL) No va por ahí.

La primera vez que escuché esta expresión fue allá por el año 2002, cuando yo era un pardillo recién salido del instituto y empecé mis estudios de Ingeniería Industrial en la ETSEIB (UPC), Barcelona. De mi época de estudiante guardo muy buenos recuerdos. La ETSEIB es un complejo formado principalmente por dos torres y algunos módulos anexos donde se encuentran los laboratorios de diferentes departamentos (mecánica, nuclear, electrotecnia, etc.). Las instalaciones eran antiguas, pero se habían llevado a cabo varias reformas que hacían del lugar un sitio acogedor.

Al entrar se debía seguir un largo pasillo hasta los ascensores. A mano derecho quedaba una sala de estudio que, en los primeros años de mi etapa universitaria, estaba compuesta de grandes mesas de madera muy deterioradas, y que posteriormente reemplazaron por nuevo equipamiento. También instalaron allí unos microondas, ya que los pocos de la cafetería no podían dar suministro a tanta gente que pasaba todo el día en la escuela. Se le llamaba "La Pecera", debido a que en la sala no había paredes, sino cristales que daban al exterior. Uno al parking, y otro a una especie de patio interior con plantas que daba acceso a las escaleras de emergencia de las dos torres principales del edificio, al cuál llamábamos "El Patio de los Monos". Lo llamábamos así debido a que alrededor suyo se alzaba una enorme estructura metálica que le confería aspecto de jaula.

Los primeros años, antes de que el Gobierno aprobara la ley que prohibe fumar en el interior de los edificios, uno no podía entrar en "La Pecera" sin salir algo colocado, debido a que todo el mundo fumaba cannabis en el interior, de modo que se creaba algo así como un "efecto submarino". Ahora que recuerdo aquellos días de libertad, sentado en un escritorio con una corbata que me oprime el cuello, no puedo evitar que me invada una cierta nostalgia murakamiana.

(Nota: Empecé a leer a Murakami durante aquella época. El primer libro que leí de él fue una novela titulada "Kafka en la orilla", que es casi mi preferida, sólo por detrás de "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo").

Sin embargo, no todo en la vida de un futuro Ingeniero Industrial es de color de rosa. A lo largo de la carrera, se tienen que superar numerosas asignaturas de una complejidad y un grado de especialización muy alto, que requieren de una profunda capacidad de razonamiento abstracto y de un esfuerzo constante por parte del alumno, que se debe extender por muchos meses. Únicamente así puede ser capaz de alcanzar los conocimientos y las habilidades necesarias para superar la dificultad de los exámenes finales. Y es que en esta carrera no es raro ver que buenos estudiantes que han dedicado muchas horas a la preparación de una materia, suspenden miserablemente el examen final por no haber sido capaz de "ver la luz", o tener la "idea feliz" que permita plantear la resolución del problema planteado en el examen.

A raíz de esto, muchos estudiantes dejan la carrera los primeros meses (cerca de un 50% de los que acceden a la titulación no supera la Fase Selectiva, que es un criterio de permanencia tan simple como aprobar todas las asignaturas del primer curso en un plazo máximo de dos años, lo cuál puede dar una idea de la dificultad de la titulación considerando que la nota de corte de PAAU ha sido de un 9,72 para acceder a la titulación en el curso 2011-2012 ).

Bajo este nivel de exigencia, es frecuente que los estudiantes entren en una fase de bloqueo mental y desmotivación que baja su rendimiento académico, lo que afecta a su vez al bloqueo mental y a la motivación, convirtiéndose en una espiral de dinámica mental negativa que lastra su rendimiento temporalmente. Los que permanecen en la carrera y superan la Fase Selectiva, rompen con esta dinámica y empiezan a avanzar a un ritmo considerablemente más alto. Pero durante el periodo de primer curso, cargado con 4 materias de matemáticas puras (Cálculo Infinitesimal I, Cálculo Infinitesimal II, Álgebra Lineal y Geometria) que suponen una gran diferencia de nivel con respecto a las matemáticas de bachillerato, muchos estudiantes entran en esta fase de bloqueo mental en la cual "no ven" la asignatura, y no asimilan los conceptos necesarios para superarla. Lo que da como resultado una torpeza sin igual en el momento de abordar problemas complejos. A este estado mental se le llamaba "estar en la fosa".

Afortunadamente, yo "salí de la fosa" hace ya años. Pero tengo que reconocer que lo estuve en su momento. Para salir de la fosa, la inmensa mayoría de estudiantes se apuntan a unos cursos de refuerzo independientes de la universidad en las denominadas "academias", donde preparan a los estudiantes de ingeniería para superar los exámenes finales, mediante una metodología que se enfoca menos en los conceptos teóricos y más en las estrategias y conceptos clave para la resolución de probemas de examen. Yo, al igual que muchos de mis compañeros y amigos, también asistí a estas academias para superar las matemáticas de primero de carrera.

(Nota: Creo recordar que alguien me comentó que el origen de la expresión "estar en la fosa" tuvo lugar en una de estas academias).

Una vez superado primero, el curso más turbulento, el estudiante suele estar preparado para afrontar el resto de la carrera con más optimismo y más facilidad al haber superado esta barrera psicológica de la adaptación a la vida universitaria. Y la barrera psicológica se supera gracias a una nueva forma de hacer las cosas. De alguna manera, los estudiantes de los primeros cursos de las carreras de ingeniería se adaptan a la forma de estudiar que conduce al éxito académico.

Toda esta idea viene a mi cabeza en muchos momentos de mi vida. Cuando tengo alguna dificultad que se prolonga en el tiempo, ya sea en el trabajo o en mi vida personal, intento pensar en la moraleja. Intento focalizarme en lo que me ocurre es que he entrado en una dinámica mental negativa. Pienso que "estoy en la fosa", pero que con la actitud adecuada puedo salir como ya hice una vez.

Si hay algo que está claro, es que para "salir de la fosa", no basta con esperar a que las circunstancias cambien. Si el entorno exterior es hostil, es hostil. No va a cambiar espontáneamente. Debemos hacer un esfuerzo para adaptarnos y superar las dificultades. Y ese esfuerzo implica un cambio en nuestro interior.

Ya lo dijo Albert Einstein: "La locura es seguir haciendo lo mismo esperando resultados distintos".

Invierte tu perspectiva.